¡Cuán sencilla frase, y cuánto contenido al mismo tiempo! ¡Qué no daría por escuchar al menos una vez, ésta frase, se sentiría cómo la dicha y la fortuna por fin tocasen mi puerta!!!
Se la escuché decir a una amiga, de más de un año de casada, acerca de su esposo. Dicha frase fue comentada en el transcurrir de una conversacion acerca del tiempo extra que ella y su esposo trabajaban para poder ayudarse con sus obligaciones mensuales, a lo que ella me contó que decidió apoyar a su compañero y hacer horas extras de modo que los dos no necesitasen sacrificar demasiado tiempo en el trabajo y poder aún tener su tiempo en pareja...
Hace unos meses atrás, escuché algo similar, dedicado para mí, pero no a manera de pedido, sino a manera de reclamo y con toda la intención de abstenerse de mí, de forma unilateral, por eso y otros pequeños grandes detalles más, lógicamente, excusas tontas, para finalmente salir de mi vida, como una de tantas que ha preferido prescindir de mis afectos, sin el menor de los remordimientos...
¡Estarás bien!, ¡Encontrarás alguien mejor!, ¡Eres una linda persona, pero...! Son frases, que no tienen valor, ni sentido cuándo cuestionas el por qué de un adiós... Salidas sutiles y en ocasiones hasta hirientes, sumados a los motivos reales que les invitan a salir de nuestras vidas, conforman el compendio de un dolor tan silencioso, tan hondo y tan destructivo, en tu amor propio y hasta en tu forma de ver la vida. Todo, todo cambia, a veces hasta te transforma en alguien en quien nunca te imaginaste llegar a ser...
Otros como yo, prefieren conformarse con pensar, que ése es el destino, y que no hay forma de huir de la constante e ingrata compañera: LA SOLEDAD... Sin embargo, en contraste, hay otros como mi amiga, que estoy seguro no vive en la felicidad al 100%, sin embargo, se puede observar con facilidad que al menos hay unas ganas de compartir, hay ganas de ser pareja, hay ganas de convivir y acoplarte a la otra persona que elegiste para compañero de vida...
Romperle el corazón a alguien, no es difícil de lograr, lo realmente duro, es NO hacerlo. Cuando me vi, en las situaciones de peligro, donde podía lastimar a alguien, prefería alejarme si sabía que eso, no tendría futuro, y cuando vi a la que hoy aún es dueña de mi corazón, sabía que no me atrevería a lastimarla, más nunca me imaginé que ella tendría el valor de hacérmelo a mí. Tal vez, sea hasta iluso de mi parte, pretender creer semejante inocentada, por decir lo menos, al confiar que una chiquilla de 20 años tuviera contemplaciones a la hora de eligir entre ella misma o la persona que simplemente se encontraba al otro lado del teléfono...
“Muchas veces me pongo a contemplar que yo nunca a nadie le hecho mal, ¿por qué la vida así me ha de tratar? Si lo que busco es la felicidad, trato de complacer la humanidad...” (Tomado de la letra El dia de mi suerte - Héctor Lavoe) Cuán difícil me resulta pensar en mi mismo, antes que en los demás, que propiamente antes de ser una virtud en mí, sólo me constituye un gran defecto. Siempre recibo los golpes y nunca tengo el valor de devolverlos, tal vez sea porque sólo a mí, se me devuelven las consecuencias de mi mal proceder, en cambio, aquella que robó lo único que tenía, disfruta y duerme con el botín todas las noches...
¡Me muero de ganas por escuchar una dulce voz que le nazca decirme: “Quiero pasar más tiempo contigo...”! Pero será difícil, por no decir imposible, escucharla y disfrutarla antes de morir...